El 1 de febrero de 2008, el president de la Generalitat, José Montilla, inauguró oficialmente el nuevo tramo desdoblado de la C-31 entre Palafrugell y Palamós. Esta infraestructura ponía fin a más de veinte años de reivindicaciones, retrasos y polémicas en torno a una carretera que se había quedado insuficiente para el tráfico de la Costa Brava Centre.
El proyecto, presentado por la Generalitat en 2003, tenía como objetivo principal resolver la congestión y mejorar la seguridad vial en este tramo. Las obras, que comenzaron en noviembre de 2005, implicaron a los municipios de Palamós, Vall-llobrega, Mont-ras y Palafrugell, y se integraban en la idea del eje costero y del anillo de la Costa Brava.
Con una longitud de unos siete kilómetros, cuatro carriles y un paso semisoterrado por el núcleo de Mont-ras, la nueva vía supuso una inversión de 53,8 millones de euros y una duración de más de dos años. La mejora en la rapidez y fluidez del trayecto entre Palafrugell y Palamós, así como la conexión con servicios como el Hospital de Palamós, fueron beneficios evidentes para los usuarios.
Sin embargo, la nueva carretera generó un profundo debate. A pesar de ser considerada necesaria, la actuación fue calificada de dura, cara y con un impacto significativo sobre el entorno, especialmente en Mont-ras. El paso por el núcleo de Mont-ras comportó derribos, cambios de accesos y una división física que fue percibida por muchos vecinos como una herida, alterando el paisaje cotidiano de la zona.
Los comerciantes de pie de carretera también sufrieron las consecuencias de las obras, con pérdida de clientela debido a los cambios de accesos y una señalización deficiente. Aunque algunos empresarios valoraron positivamente los accesos una vez finalizada la obra, el coste comercial de los trabajos se hizo notar.
Las opiniones políticas y sociales también estuvieron divididas. Mientras desde Palamós se veía como una mejora esencial, desde Palafrugell se cuestionaba la demora y la falta de apuesta por el transporte público. En Mont-ras, la veían como una actuación desmesurada y poco respetuosa con la armonía del pueblo. Entidades ecologistas como Salvem l’Empordà criticaron el modelo de movilidad favorecido por la autovía y reclamaron compromisos como el carril bici y medidas de restauración paisajística.
Con perspectiva, la inauguración de 2008 marcó un punto de inflexión en la movilidad de Palafrugell, transformando la conexión con Palamós en una vía rápida. Sin embargo, el desdoblamiento puso de manifiesto que las grandes infraestructuras resuelven problemas a la vez que generan nuevos, manteniendo vivo el debate sobre el modelo de movilidad necesario para la Costa Brava Centre.




