Entre 1937 y 1939, en plena Guerra Civil, los republicanos ejercieron su poder en las instituciones locales para modificar o sustituir los nombres de diversas localidades. Estos cambios buscaban principalmente eliminar las referencias religiosas y, en algunos casos, incorporar elementos vinculados a la realidad histórica o geográfica de cada lugar.
En el Baix Empordà, seis municipios experimentaron esta transformación. Sant Sadurní de l’Heura pasó a ser simplemente Sadurní de l’Heura, eliminando la referencia al santo. De manera similar, Sant Feliu de Guíxols se convirtió en Guíxols, suprimiendo también el nombre del santo.
Un caso particular fue el de Calonge, que, a pesar de no tener un componente religioso en su nombre original, fue renombrado Calonge de la Costa Brava. Por su parte, Santa Cristina d’Aro fue más allá, eliminando la referencia religiosa y añadiendo un elemento hidrográfico, pasando a llamarse Riudaura d’Aro.
Finalmente, dos municipios que posteriormente perdieron su independencia también vieron sus nombres modificados. Sant Antoni de Calonge (antes Sant Antoni de Mar) se transformó en Llevantí de Mar, incorporando un elemento geográfico. El Ayuntamiento de Sant Joan de Palamós optó por una referencia histórica, convirtiéndose en Vilarromà.
Estos cambios, sin embargo, fueron efímeros. Con la victoria del bando franquista y el establecimiento de la dictadura a partir de 1939, se recuperaron los elementos religiosos y se castellanizaron los nombres, volviendo a las denominaciones previas o a versiones castellanizadas como San Sadurní de la Heura o San Feliu de Guixols.




