La comarca del Baix Llobregat ha sido reconocida recientemente como la tercera potencia económica de Cataluña, aportando un 11% del PIB catalán. Con 842.000 habitantes y 21.091 empresas, su economía se caracteriza por la diversificación y una tasa de paro baja del 7,8%, lo que la hace más resiliente a los ciclos adversos que otras zonas industriales especializadas.
A pesar de esta fortaleza, el análisis económico señala un “gran agujero” en la actividad industrial: el sector del armamento o Defensa. Esta necesidad se amplía por las nuevas circunstancias geopolíticas, especialmente la exigencia de la OTAN, reiterada por figuras como Donald Trump, de que los países aliados inviertan el 5% del PIB en Defensa, un mandato que el Gobierno español no parece dispuesto a cumplir.
Los países de la UE gastarán 381.000 millones de euros en armamento, una cifra que representa el 2,1% del PIB de la Unión Europea, con países como Alemania, Francia e Italia ya contando con potentes grupos industriales de Defensa.
En España, empresas como Indra, que tiene una sede importante en Sant Joan Despí con 1.500 empleados, se perfilan como actores clave. Se espera su fusión con Mecanizados Escribano para reforzar el sector. La comarca ya cuenta con activos, como las instalaciones aeroespaciales de la facultad de Ingeniería aeronáutica en Castelldefels y la presencia histórica de industrias como GAMO en Sant Boi y la antigua cartuchería Pruño en Sant Esteve Sesrovires.
El artículo recuerda el ejemplo de Josep Tarradellas, quien durante la Guerra Civil fue capaz de reorganizar la industria de armamento catalana, demostrando que con determinación se puede lograr un cambio rápido de actividad industrial. Esta nueva oportunidad, ante la escasez de fondos UE no finalistas, podría ser un estímulo vital para la red de pymes del Baix Llobregat.




