Nacida en un hogar obrero, Frederiksen destacó pronto en la política a pesar de sufrir dislexia y acoso escolar. Estudió Administración y obtuvo un máster en Africanismo, pero la influencia de su padre, sindicalista, la llevó a ingresar en el ala juvenil socialista. Con solo 24 años fue elegida diputada y rápidamente progresó hasta convertirse en ministra.
Su estilo político, descrito como «aristocracia obrera», se caracteriza por una socialdemocracia de carácter duro, especialmente en cuestiones migratorias. Ha impulsado medidas como el acuerdo con Ruanda para deportar inmigrantes y ha abogado en la Unión Europea por recortar el estatuto del refugiado político. Además, ha prohibido el velo integral, la niqab y el burka en escuelas y espacios públicos, defendiendo que no puede consentir la opresión contra la mujer.
La invasión de Groenlandia por parte de los Estados Unidos significaría el fin de la OTAN.
Uno de los mayores desafíos de su gestión ha sido la defensa de la soberanía de Groenlandia, la isla más grande del mundo y territorio autónomo danés. Después de que el expresidente Donald Trump expresara su deseo de comprar la isla, Frederiksen lo rechazó categóricamente. Ante la insistencia de Trump y las amenazas de invasión, la primera ministra tensó la cuerda al máximo, logrando que la mayoría de groenlandeses reconsideraran sus vínculos con Dinamarca.
Esta crisis geopolítica ha puesto de manifiesto la importancia estratégica de Groenlandia, rica en tierras raras y clave para la ruta del Ártico. A pesar de los acuerdos posteriores entre la OTAN y los EE. UU. para el desarrollo minero, Frederiksen ha logrado mantener la posición danesa, asegurándose el apoyo de la población local gracias a los generosos subsidios y la adhesión a la Corona danesa.




