El tramo de la AP-7 fue cerrado el 21 de enero, el día después del trágico accidente de un tren de Rodalies en Gelida, que costó la vida a un joven maquinista en prácticas. El cierre, desde el antiguo peaje de Martorell hasta la salida de Sant Sadurní d'Anoia, se decidió por el riesgo de hundimiento y para permitir las tareas de refuerzo del talud bajo la autopista.
La reapertura de madrugada se justifica por motivos de seguridad, ya que el tráfico cae considerablemente y permite una retirada más ágil y segura de los elementos de señalización.
El director del Servei Català de Trànsit, Ramon Lamiel, ha explicado que el horario de madrugada se ha elegido por motivos de seguridad. En este periodo, la caída considerable del tráfico facilita la retirada de los conos, muros Jersey y el repintado de los carriles, tareas necesarias para restablecer la normalidad.
Lamiel también ha destacado la buena respuesta que han tenido los planes alternativos de desvío de tráfico. Durante el periodo de restricciones, se aconsejó el uso de la C-15 y la A-2, y se levantaron los peajes de la C-32, la autopista del Garraf, que absorbió un gran volumen de vehículos.




