La fauna abisal mantiene los nódulos polimetálicos expuestos, clave para la biodiversidad marina

Una investigación codirigida por el CSIC revela el papel crucial de los animales bentónicos en la conservación de estos minerales y de los ecosistemas profundos.

Imagen genérica de nódulos polimetálicos en el fondo marino con vida abisal.
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Imagen genérica de nódulos polimetálicos en el fondo marino con vida abisal.

Una investigación codirigida por el CSIC y el National Oceanography Centre del Reino Unido ha descubierto que la fauna bentónica es fundamental para mantener los nódulos polimetálicos expuestos en el fondo marino, un hecho clave para la conservación de la biodiversidad abisal.

Las especies que habitan en los fondos oceánicos profundos juegan un papel clave en su conservación y, por extensión, en la de toda la biodiversidad abisal. Esta es la principal conclusión de una investigación codirigida por el National Oceanography Centre (NOC) del Reino Unido y el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona. En concreto, el estudio demuestra que la fauna bentónica, que vive en contacto con el lecho marino, es la máxima responsable de que los nódulos polimetálicos —acumulaciones minerales de gran valor para la industria minera— se mantengan en la superficie del fondo marino y no queden enterrados o se disuelvan en el fango abisal con el paso del tiempo.
Este hallazgo no solo descubre una función ecosistémica hasta ahora desconocida, sino que pone de manifiesto un nuevo e inesperado impacto ecológico que podría agravar las consecuencias ya conocidas de la minería en aguas profundas a escala global. Los nódulos polimetálicos (también conocidos como nódulos de manganeso) son concreciones rocosas de tamaño variable —generalmente de entre 1 y 20 centímetros— que se encuentran dispersas, pero en gran abundancia a lo largo del fondo de algunas llanuras abisales, a profundidades de entre 4.000 y 6.000 metros. Se forman muy lentamente a lo largo de millones de años y proporcionan un hábitat poco habitual pero imprescindible para una gran variedad de especies de aguas profundas.
Ahora, mediante la realización de fotografías del fondo marino a intervalos regulares (time-lapse), el equipo científico ha podido documentar cómo diversas especies móviles retiran activamente los sedimentos de la superficie de los nódulos. Entre estos animales destacan los pepinos de mar, los erizos o los caracoles de mar, entre otros. Asimismo, se ha registrado la actividad de organismos como los gusanos poliquetos, que viven en el interior de los sedimentos y levantan los nódulos desde abajo. Estas actividades cotidianas de la fauna bentónica actúan como mecanismo de mantenimiento constante de los nódulos, hecho que respalda una hipótesis formulada por primera vez hace más de cuatro décadas.
Al mantener los nódulos limpios y en la superficie, estos «ingenieros del ecosistema» permiten que otras especies sésiles —que no se pueden mover—, como corales o esponjas, puedan colonizar el sustrato duro, favoreciendo así la elevada biodiversidad que caracteriza a estos hábitats abisales. Por ello, los autores subrayan la necesidad de entender no solo qué especies habitan los entornos profundos, sino también cómo interactúan con su medio y lo modifican, especialmente en el contexto actual de evaluación de la minería profunda.
Según el equipo científico, si las actividades de extracción minera reducen o eliminan la fauna móvil abisal, se interrumpirá directamente este proceso natural de limpieza y elevación de los nódulos. Como consecuencia, los sustratos duros restantes podrían quedar enterrados o disolverse en el fango abisal, eliminando la capacidad del ecosistema para regenerarse y albergar biodiversidad a largo plazo.

La minería abisal podría desencadenar un impacto ecológico en cadena que hasta ahora no se había tenido en cuenta. Al reducir la fauna móvil de estos fondos marinos, se eliminaría un mecanismo funcional que mantiene expuesto el sustrato duro; al alterar este proceso natural clave, a especies como corales y esponjas les resultaría más complicado recolonizar el medio, agravando los efectos ya conocidos de la minería sobre la gran biodiversidad de estos ecosistemas.

Apenas estamos empezando a descubrir los procesos ocultos que sostienen los ecosistemas de aguas profundas. Comprender estas interacciones resulta esencial para poder predecir hasta qué punto estos ecosistemas son capaces de ser resilientes.

Con todo, los resultados de esta investigación abren nuevas oportunidades para monitorizar el estado ecológico, la resiliencia y la dinámica a largo plazo de las zonas abisales. Según concluyen los autores, tener en cuenta el papel de las especies que actúan como ingenieras de los ecosistemas será fundamental para mejorar las predicciones sobre cómo responderán los campos de nódulos ante cualquier perturbación humana y para avanzar hacia una gestión ambiental de las aguas profundas basada en evidencias científicas sólidas.
Información elaborada a partir de la fuente oficial: Delegació del CSIC a Catalunya (04/11/2026)