La teniente de alcalde responsable de las políticas de ecología, urbanismo y movilidad ha subrayado la necesidad de transformar la infraestructura actual, que considera obsoleta. Actualmente, unos 270.000 usuarios entran y salen diariamente de Barcelona en autobús, con un aumento de las expediciones diarias de 6.000 a 7.000 a raíz de la crisis de Rodalies.
Para abordar esta problemática, se proyecta la construcción de tres estaciones subterráneas clave: una en la Sagrera, otra en la Plaza de España y una tercera en la avenida Diagonal. Estas nuevas infraestructuras permitirán la conexión con el metro o el tranvía, facilitando la intermodalidad y liberando el centro de la ciudad del tráfico de autobuses.
“"El objetivo es que el número de autobuses interurbanos que llegan al centro de Barcelona debe reducirse drásticamente. Necesitamos generar la infraestructura para que eso pase y facilitar la intermodalidad de esos puntos."
A corto plazo, se prevé la remodelación y actualización de una veintena de paradas de autobuses interurbanos, con proyectos que se ejecutarán en 2026 y obras que comenzarán en 2027. A medio o largo plazo, se licitarán los grandes intercambiadores. La propuesta incluye la posibilidad de extender la L3 del metro hasta el nuevo Hospital Clínic y hasta Esplugues y Sant Feliu de Llobregat, así como la L4 de La Pau a la Sagrera, considerada una obra urgente y prioritaria para conectar la estación de alta velocidad.
Además de la mejora de las infraestructuras, el consistorio también apuesta por la descarbonización de las flotas de autobuses y la creación de carriles bus en vías como la B-23, C-58 y C-32, donde ya se han observado mejoras significativas en la velocidad y un aumento de la demanda entre un 10% y un 25%.




