El ADN lumínico de los faros de Barcelona: así se distinguen el del Llobregat y el de Montjuïc

Cada faro posee una identidad única definida por la frecuencia, la intensidad y el color de la luz que proyecta para guiar a los navegantes.

Imagen de un faro costero proyectando un haz de luz blanca durante la noche, orientando a los barcos.
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Imagen de un faro costero proyectando un haz de luz blanca durante la noche, orientando a los barcos.

Los faros de la costa de Barcelona, como el centenario Faro del Llobregat y el de Montjuïc, utilizan señales lumínicas únicas, su 'ADN', para guiar a los navegantes y permitirles ubicarse con precisión en el mar.

El Faro del Llobregat, erigido en 1852 sobre un antiguo bastión defensivo, es la torre de señalización más antigua de la ciudad, con 32 metros de altura. Desde hace 174 años, este faro ha servido de referencia desde la desembocadura del río Llobregat, destacando la importancia estratégica de estas instalaciones para la navegación.
La identidad de cada faro reside en su luz, conocida como su 'ADN', que se distingue por la frecuencia, la oclusión y el color. Esta característica es vital para los navegantes, que utilizan las cartas náuticas para identificar no solo la distancia a la costa, sino el punto exacto donde se encuentran.
El color de la luz también define el tipo de señal: los faros emiten luz blanca para la ubicación general en la costa; las balizas utilizan luz blanca, verde o roja para la aproximación a puertos o canales; y las boyas, flotantes, utilizan diversos colores para advertir de obstáculos en puntos concretos.
En cuanto a las características concretas, el Faro del Llobregat emite un destello de luz blanca cada cinco segundos, con un alcance de 23 millas mar adentro (algo más de 40 km). Por su parte, el Faro de Montjuïc es el que tiene el alcance más lejano de la zona, proyectando dos destellos de color blanco cada 15 segundos hasta las 26 millas.