La iniciativa, impulsada por la Asociación Coordinadora Pro Museo del Transporte de Barcelona, logró forzar el debate en la cámara municipal. Su presidente, Ferran Armengol, defendió la idoneidad del antiguo Palacio de Comunicaciones y Transportes, propiedad de la administración, como ubicación principal, a pesar de los intentos previos del ejecutivo de Jaume Collboni para desviar el proyecto a la losa de la Vall d’Hebron.
“"Los barceloneses quieren el Museo del Transporte. Estamos de acuerdo en el objetivo final y en el modelo, el único problema es dónde ponemos la parada final de este proyecto. Nosotros tenemos una propuesta clara que es la mejor y única opción."
La primera teniente de alcaldía y presidenta de TMB, Laia Bonet, confirmó el retroceso parcial del gobierno, aceptando la creación de la comisión para analizar la viabilidad del recinto ferial. Sin embargo, Bonet remarcó que el Ayuntamiento no descarta la propuesta de la Vall d’Hebron, ya que permitiría “desencallar el proyecto de forma mucho más rápida”, aunque aseguró con “orgullo” que el museo “será una realidad”.
Los grupos de la oposición apoyaron la iniciativa ciudadana, pero fueron críticos con la gestión del gobierno. Pau González (Comuns) lamentó el “desprestigio” de la gestión municipal, mientras que Rosa Suriñac (Republicana) denunció un “olvido institucional del patrimonio”. Por su parte, Antonio Verdera (PP) calificó el aplazamiento del proyecto como “desidia política”, y Liberto Senderos (Vox) elogió la tenacidad de los impulsores ante el “muro burocrático”.




