La cuestión de la lengua catalana sigue siendo un punto central en el debate público, a menudo generando discusiones repetitivas sin conclusiones satisfactorias. A pesar de las voces que defienden la resiliencia del catalán, muchos perciben una tendencia al auto-sabotaje que favorece a los detractores de la lengua.
En este contexto, la relectura de las memorias de Avel·lí Artís-Gener, conocido como Tísner, tituladas Viure per veure (Ed. Pòrtic, 1996), pone de manifiesto un ejemplo que el escritor calificaba de 'botiflerismo'. Se trata del conocido como 'Plenario del No al catalán' del Ayuntamiento de Barcelona en el año 1975.
Durante aquella sesión, el concejal Jacinto Soler Padró presentó una propuesta para destinar diez millones de pesetas a cursos de enseñanza de catalán. Aunque el alcalde y jurista Porcioles había establecido un mecanismo municipal para aprobar ayudas al catalán mediante el artículo 26, la propuesta fue elevada al plenario. Allí, fue rechazada por los miembros del 'tercio sindical y familiar' que ocupaban la Sala de la Reina Regente.
Entre los dieciocho votos en contra, se encontraba el de Mercedes Carbó, popularmente conocida como la 'mamá del millón' por su participación en el programa televisivo Un millón para el mejor. Estos votos, emitidos por catalanes, optaron por la continuidad de la única lengua que dominaba las instituciones en aquel momento, un hecho que el autor de las memorias señala como un acto de 'botiflerismo' que, con diferentes actores, persiste en la actualidad.




