El plan responde al aumento de la violencia entre jóvenes y a la constatación de la existencia de al menos 34 grupos violentos juveniles activos en el territorio. Estos grupos, formados por menores y mayores de edad, se caracterizan por la búsqueda de control territorial, la rivalidad y el uso de la violencia.
La nueva estrategia integra la inteligencia policial, la prevención, la detección, la investigación y la neutralización bajo una misma dirección. Se establece un modelo de gestión integrado para centralizar y analizar información de todo el territorio para transformarla en inteligencia policial, con el objetivo de anticiparse a la actividad de los grupos.
El Plan Proa se articula en diferentes ámbitos: refuerzo de la formación policial para identificar indicadores de riesgo, recogida y análisis de información para determinar la presencia e impacto de los grupos, y dispositivos específicos para perseguir la actividad delictiva.
La gobernanza del plan incluye una Mesa Central y mesas territoriales, que combinan una visión estratégica con respuestas adaptadas a las particularidades de cada zona, y que pueden contar con la participación de las policías locales.




