El tamaño promedio de las viviendas de nueva construcción en España ha caído un 23% en la última década, situándose en solo 69 metros cuadrados en promociones recientes de ciudades clave como Barcelona, Sabadell o Tarragona. Esta contracción, combinada con precios máximos, ha transformado radicalmente el mercado del mueble.
Según datos de la patronal del sector, ANIEME, las ventas de camas plegables se han triplicado entre 2019 y 2024, pasando de representar un 4% a un 12% del mercado de equipamiento de descanso. Este crecimiento refleja la necesidad de los ciudadanos de hacer malabares con el espacio disponible en viviendas cada vez más pequeñas y caras.
Hace diez años, el 80% de las consultas sobre camas abatibles provenían de estudios o apartamentos turísticos. Hoy, más de la mitad corresponden a familias convencionales que necesitan convertir el comedor en un dormitorio para invitados.
Factores como la consolidación del teletrabajo (que afecta al 34% de los trabajadores en España) y el aumento de la edad de emancipación (30,4 años) han acelerado la demanda. Las camas abatibles, conocidas históricamente como camas Murphy (patentadas por William Lawrence Murphy en 1916), han pasado de ser una solución provisional a un elemento de diseño sofisticado.
Este cambio cultural, impulsado por los millennials y la Generación Z, prioriza la funcionalidad y la flexibilidad por encima de la permanencia, eliminando el estigma asociado a estas soluciones espaciales creativas.




