Hay rincones que parecen diseñados para endulzar tanto el paladar como el corazón. Casa de Pastel es uno de estos refugios en el barrio de Poblenou, donde Lauren de Vries, originaria de los Países Bajos, crea pasteles que son auténticas historias comestibles. Ella y su equipo abordan el azúcar y los sabores con la precisión y el cuidado de quien escribe un diario íntimo.
“"Ser pastelera no era el plan, se cruzó en mi camino. Y me encantó."
Nacida en Ámsterdam, Lauren de Vries estudió Marketing y Comunicación. A los 21 años, sintió la necesidad de un cambio radical, lo que la llevó a inscribirse en un curso de cocina en Le Cordon Bleu en París. Sin embargo, la rigidez del método francés la hizo buscar una alternativa, encontrando su vocación en la sede de la escuela en Londres, donde se decantó por la pastelería.
Sus primeros pasos en la repostería fueron exigentes, con jornadas de seis días a la semana. De vuelta en Ámsterdam, trabajó en el restaurante Mr. Porter para adquirir experiencia, mientras vendía sus creaciones de Navidad a través de Facebook. Un evento de influencers, al que envió dónuts decorados, le proporcionó un impulso crucial en Instagram y la llevó a cofundar Life of Pie, un proyecto que llegó a producir hasta 100 pasteles semanales.
Una ruptura profesional la impulsó a mudarse a Barcelona hace ocho años, llegando sin planes definidos. Tras seis meses trabajando desde casa, encontró un primer local compartido en Poblenou, cerca de Razzmatazz. Actualmente, con su propio estudio en este barrio, Lauren de Vries planea nuevas líneas de negocio, como una tienda de galletas o un 'bento cake bar', con la visión de abrir pequeñas tiendas en ciudades como Madrid o València para no perder la esencia original.




