Esta conclusión se desprende de una comparativa de los horarios oficiales de mayo de 2000 y noviembre de 2025, antes del accidente de Gelida y las posteriores limitaciones de velocidad. El estudio indica que, en muchos casos, los trenes hacían menos paradas hace un cuarto de siglo, contribuyendo a la mayor rapidez de los desplazamientos.
Las líneas del Camp de Tarragona y las Terres de l'Ebre también muestran una ralentización significativa. Por ejemplo, un viaje desde l'Aldea-Amposta o Tortosa hasta Barcelona Sants en noviembre de 2025 era entre 15 y 16 minutos más largo que en mayo de 2000. De manera similar, el trayecto entre Reus y Barcelona por la R14 ha aumentado en diez minutos.
La línea R4 es la que presenta las diferencias más notables, especialmente en el tramo que atraviesa el Penedès y el Baix Llobregat. Desde el Vendrell, el tiempo mínimo de viaje ha pasado de 69 a 90 minutos. La Associació per a la Promoció del Transport Públic (PTP) atribuye parte de esta lentitud a las obras de soterramiento de las vías en Sant Feliu de Llobregat, que han generado un tramo de vía única, y a las obras del corredor mediterráneo.
“"Hay un incremento de trenes que paran en todas las paradas y de frecuencias, pero lo que no se ha incrementado es la capacidad de la red."
Adrià Ramírez, presidente de la PTP, señala que el aumento de trenes y frecuencias sin una ampliación de la capacidad de la red obliga a los servicios más rápidos a ceder espacio, alargando los tiempos de viaje o incluso provocando su desaparición. Por su parte, Joan Carles Salmerón, director del Centre d'Estudis del Transport, apunta a la falta de inversiones en infraestructuras como causa principal de la "debilidad del sistema ferroviario".
Ambos expertos coinciden en la necesidad de recuperar los trenes semidirectos y de ampliar la capacidad de la red con nuevas vías de adelantamiento. Ramírez propone cuadruplicar vías en tramos como el de Castelldefels a el Prat, y triplicar la vía entre Montcada i Reixac y Mollet. Salmerón advierte que el crecimiento demográfico de Catalunya, que podría llegar a los 10 millones de residentes, hará imprescindible la creación de nuevas líneas y estaciones.




