Medio siglo del encierro de mujeres en Sant Andreu de Palomar

Un centenar de mujeres y niños ocuparon la parroquia durante 28 días en 1976 para reclamar la readmisión de trabajadores despedidos.

Imagen genérica de un grupo de mujeres y niños reunidos en el interior de una iglesia histórica en Barcelona.
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Imagen genérica de un grupo de mujeres y niños reunidos en el interior de una iglesia histórica en Barcelona.

Hace medio siglo, un centenar de mujeres y niños se encerraron durante 28 días en la parroquia de Sant Andreu de Palomar, Barcelona, en una protesta insólita para reclamar la readmisión de trabajadores despedidos.

Hace cincuenta años, durante 1976, un grupo de mujeres, muchas acompañadas de sus hijos pequeños, protagonizaron un encierro reivindicativo en la parroquia de Sant Andreu de Palomar, en Barcelona. La acción, que duró 28 días seguidos y llegó a movilizar a unas 300 personas procedentes de diversas poblaciones metropolitanas, fue una de las protestas más insólitas de la época de la Transición y ha tenido un eco limitado en la historiografía oficial.
El objetivo inicial del encierro era exigir la readmisión de los maridos, que habían sido despedidos masivamente de Motor Ibérica, la fábrica de los camiones Ebro. La mayoría de las participantes no tenían experiencia sindical ni afiliación política, y tuvieron que enfrentarse a la incomprensión de algunos de sus propios esposos. Una de ellas incluso fue denunciada por abandono del hogar.
La experiencia se convirtió en una inesperada escuela de feminismo y democracia. Las protagonistas se organizaban para cocinar, comer, dormir, debatir y cuidar a los niños dentro de la parroquia, con el apoyo de los vecinos de Sant Andreu y de los párrocos, Josep Camps e Ignasi Pujades, vinculados a la teología de la liberación. La solidaridad de los vecinos fue clave, con numerosos donativos que permitieron sostener la acción.
A pesar de la determinación de las mujeres, el objetivo inicial de revertir los despidos no se consiguió. La prensa cubrió el evento de manera limitada, aunque medios internacionales como la televisión sueca mostraron interés. La protesta fue desalojada por la policía, un momento que generó miedo entre las participantes, que se ataron a sus hijos para evitar perderlos.
Medio siglo después, algunas de las protagonistas, como Maruja Ruiz Martos y Mercedes López Ramírez, han rememorado aquella experiencia en un acto celebrado recientemente en la misma parroquia. Destacaron la importancia de la solidaridad vecinal y cómo la acción las concienció sobre su papel en la sociedad y la construcción de la democracia. El historiador Pau Vinyes i Roig y la fotógrafa Pilar Aymerich también participaron en el homenaje, recordando la fuerza y la organización de las mujeres.

"Teníamos que dar la campanada, hacer algo novedoso para que nos hicieran caso, porque parecía que aquellos despidos no le importaban a nadie."

Maruja Ruiz Martos · Histórica integrante del PSUC

"¡Cuántas chucherías comisteis esos días, eh!"

Mercedes López Ramírez · Una de las protagonistas del encierro
La abogada y exdiputada Magda Oranich señaló que, a pesar de no conseguir la readmisión de los maridos, el mayor éxito fue la concienciación de las mujeres sobre su potencial como protagonistas activas en la sociedad. Muchas de ellas se involucraron posteriormente en asociaciones de vecinos, partidos y sindicatos, marcando un punto de inflexión en la lucha por la igualdad.