Estas personas, que fueron detenidas y torturadas en la Jefatura Superior de Policía de Barcelona, situada en la Via Laietana, durante el franquismo, pudieron acceder al edificio el pasado 18 de diciembre. La visita se realizó en el marco de una investigación de la Fiscalía de Memoria y Derechos Humanos de Barcelona, a raíz de sus denuncias. Su experiencia ha sido compartida públicamente, destacando el profundo impacto emocional que les supuso.
“"El impacto emocional no se puede describir."
Uno de los testimonios permaneció veinte días bajo torturas, mientras que otros estuvieron detenidos durante treinta y dos días. Volver a la Via Laietana no fue fácil para ninguno de ellos, quienes confesaron haber sentido ansiedad y dudas antes de la visita. A pesar de ello, decidieron afrontarlo en nombre de todas las personas represaliadas que sufrieron situaciones similares o peores.
Durante la visita, fueron acompañados por una persona de su elección y se reunieron con la fiscal para compartir su experiencia. Uno de los testimonios expresó que la situación generaba sensaciones contradictorias: por un lado, volvían al lugar donde fueron retenidos y torturados, pero por el otro, era un paso más hacia la no impunidad de la dictadura. Al entrar, no reconocieron los calabozos, y describieron que los interrogatorios se realizaban en un espacio que parecía una biblioteca, donde se discutía de política para intentar obtener información.
Los testimonios subrayaron la importancia de resistir durante el franquismo y lamentaron no haber podido ver la sala donde sufrieron las torturas. Representantes de entidades memorialistas han denunciado las modificaciones realizadas en los calabozos, que consideran que "esconden la verdad". Por ello, piden que la Jefatura de la Policía se convierta en un espacio de memoria democrática, argumentando que el edificio tiene "incomodidades" que lo hacen poco adecuado como espacio policial actual.
“"Aunque haya policías dentro, este es y será un espacio marcado por la tortura."
Acompañados por una entidad de derechos humanos, han insistido en la importancia de la memoria para que las generaciones más jóvenes puedan comprender qué fue la dictadura y qué podría volver a ser si no se recuerda. La fiscal ha manifestado la voluntad de cambiar los usos del edificio, pero las entidades memorialistas han dejado claro que no aceptarán "una placa en la fachada", sino que quieren que se reconozca que hubo torturas y que los nombres de los responsables queden registrados en la historia.




