Las zonas urbanas concentran cada vez más población, lo que las hace más vulnerables a fenómenos climáticos extremos como el calor intenso y las lluvias torrenciales. A pesar de ocupar solo el 2% de la superficie terrestre, las áreas urbanas son responsables del 70% de los gases de efecto invernadero.
Hace dos décadas, ciudades como Barcelona se unieron a la red C40 Cities para compartir ideas y experiencias en la lucha contra el cambio climático. Según Júlia López Ventura, directora para Europa de la red, es fundamental entender cómo actúa el calor en la ciudad e identificar a las poblaciones más vulnerables para diseñar actuaciones efectivas, tanto en el interior de los hogares como en el espacio público.
Un refugio climático se define como un espacio, interior o exterior, que ofrece confort térmico (entre 25 ºC y 26 ºC) durante episodios de temperaturas extremas. El concepto surgió en Estados Unidos con ciudades como Duluth y Buffalo en 2019, y rápidamente se extendió a otros miembros de la red C40 Cities.
En Barcelona, la prioridad es considerar el calor como un criterio clave en la definición del espacio público. Irma Ventayol, directora de la Oficina de Cambio Climático y Sostenibilidad de la ciudad, explica que se inspiraron en el modelo norteamericano para adaptarlo a la realidad barcelonesa. La ciudad aprovecha su amplia red de equipamientos públicos, como bibliotecas y centros cívicos, para convertirlos en refugios climáticos, especialmente aquellos con sistemas de climatización.
Esta adaptación, que integra equipamientos climatizados para actividades de ocio, ha servido de inspiración para otras ciudades, incluidas aquellas que inicialmente aportaron el modelo, demostrando la fuerza del trabajo en red.




