Los Mossos d'Esquadra señalan a los clubes cannábicos de Barcelona como un origen de la expansión del cultivo y consumo de marihuana en Cataluña, convertida en un hub europeo. Estos espacios, que surgieron para defender el derecho de los consumidores, han sido parasitados por el crimen organizado para enmascarar el tráfico de drogas. Desde 2012, la cifra de clubes se ha mantenido estable en torno a los 200.
El Ayuntamiento de Barcelona, con la llegada de Collboni al consistorio, se fijó el objetivo de cerrar estos locales. Tres años después, la situación no ha cambiado significativamente. El responsable de Seguridad de Barcelona, Albert Batlle, ha asegurado que continuarán presionando contra una actividad que no debería tener cabida en la ciudad, durante la presentación del nuevo plan antidroga.
El nuevo plan municipal, bautizado como plan Druida, se basa en cinco ejes transversales: puntos de venta, actuación administrativa, vial, asistencia sanitaria y sensibilización. La presión sobre los clubes cannábicos es uno de los puntos clave, aunque hasta ahora no ha dado los frutos esperados. Batlle ha lamentado el "exceso de garantismo normativo" que dificulta los cierres, ya que las resoluciones judiciales a menudo los amparan. La Guardia Urbana utiliza una doble estrategia: administrativa, más lenta, y penal, que se intensificará.
El cannabis es la droga más denunciada en las calles de Barcelona. Las autoridades alertan de las graves consecuencias para la salud debido al aumento de la psicoactividad de la marihuana. Según fuentes policiales, los clubes ya no son solo puntos de consumo o compra puntual, sino un "punto de contacto" para el tráfico en Europa. Aunque el número de socios ha disminuido desde los 20.000 de su auge, las asociaciones continúan existiendo como clubes sociales privados.
El plan Druida también aborda la seguridad vial, con más de 1.000 personas denunciadas el año pasado por conducir bajo los efectos de las drogas. Un reciente accidente mortal en Barcelona, donde el conductor causante del choque había consumido "gas de la risa", pone de manifiesto la gravedad de esta problemática.
La nueva estrategia incluye la mejora tecnológica con un cuadro de mando de indicadores de seguimiento, que monitorizará el tráfico de drogas a través de detenciones, infracciones administrativas, datos sociosanitarios y controles al volante, así como la información vinculada a asociaciones cannábicas y grow shops.




