Esta inversión se distribuye en 3.058 adquisiciones en 2024, la mayor remesa del trienio, seguida de 2.954 en 2023 y 2.601 en 2025. A pesar de las cifras, la dotación de asientos en el espacio público genera debate entre los residentes y expertos en urbanismo.
Las calles verticales y con pendientes no tienen bancos.
Desde barrios como Sagrada Família, los vecinos lamentan la falta de bancos en zonas con desnivel, mientras que en Can Baró, con aceras estrechas, la instalación se complica. Otras asociaciones, como la de Diagonal Mar o la del Maresme, no reportan problemas de cantidad, sino de mantenimiento o limpieza.
La Federación de Asociaciones Vecinales de Barcelona (FAVB), a través de su vicepresidenta Ana Menéndez, señala la falta de bancos en zonas con alta concentración de terrazas, como la calle Blai o la Plaça Reial, y en muchas plazas pequeñas de Ciutat Vella. El distrito de Gràcia es el que concentra la cifra más baja de asientos, una situación que Àngel Urraca, residente con movilidad reducida, considera 'totalmente insuficiente'.
“"Es un urbanismo muy defensivo o preventivo, que busca que la gente no ensucie, no pernocte y acaba expulsando no solo a los colectivos que supuestamente son indeseables, sino también a los ancianos, por ejemplo."
El diseño del mobiliario también es objeto de crítica. La Fundación Arrels identifica las sillas individuales como ejemplos de arquitectura hostil, que afectan especialmente a las personas sin hogar. Mirela Fiori, de la Universitat Oberta de Catalunya, califica la sustitución de bancos por sillas fijas como una 'política muy hostil'. Por el contrario, Anna Maria Puig, investigadora de la Universitat de Vic, defiende que los asientos individuales cumplen la función de descanso si están lo suficientemente cercanos para fomentar la interacción social.
La supresión de asientos, como la que ocurrió en la supermanzana de Sant Antoni, también genera controversia. Màrius Navazo, especialista en espacio público del grupo de estudios Gea21, argumenta que la retirada de bancos no debería basarse en simples molestias, sino en problemas más graves, y que la ciudad necesita bancos para evitar que las calles sean inhóspitas. Fiori añade que 'retirar bancos no es la solución, poner sillas aisladas fijas tampoco y los bancos de hormigón frío sin respaldo acaban echando a todos'.




