El proyecto, que se ubicará en los bajos de una promoción de vivienda pública, tiene como finalidad garantizar el acceso a productos de primera necesidad en una zona de nueva creación con escasa oferta comercial. La gestión del espacio correrá a cargo de una entidad del tercer sector o sin ánimo de lucro, evitando la competencia directa con el comercio privado o los mercados municipales tradicionales.
Uno de los pilares fundamentales de la iniciativa es su vinculación con programas de Formación Profesional. El establecimiento servirá como centro de aprendizaje en oficios del sector alimentario y como espacio para facilitar la inserción laboral de personas en situación de vulnerabilidad.
La propuesta ha generado un debate sobre el modelo alimentario en la ciudad. Mientras que algunas formaciones políticas han expresado preocupación por una posible competencia desleal, desde la patronal Pimec Comerç se ha defendido la necesidad de apostar por el comercio de proximidad ya existente, articulando colaboraciones que permitan abaratar los precios sin desplazar a las tiendas de barrio.
Actualmente, el consistorio todavía debe definir aspectos técnicos como el sistema de proveedores, los criterios de selección de los productos o el modelo de financiación. Este tipo de iniciativas se enmarcan en una tendencia global de ciudades que buscan fórmulas para garantizar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del modelo de distribución.




