Imagínate entrar en un local donde cada detalle te invita a quedarte. Desde las preciosas baldosas hidráulicas y hexagonales del suelo hasta los mosaicos y azulejos pintados en las paredes con un ondulado que evoca el Mediterráneo. Los espejos antiguos de formas caprichosas y los retratos en blanco y negro enmarcados añaden un toque de elegancia, mientras que las mesas y estanterías de madera antigua parecen haber estado siempre allí.
La verdadera joya de la corona es su patio trasero. Un espacio coqueto donde se mezclan el olor a suavizante de la ropa tendida de los vecinos con el perfume de la buganvilla que cubre una de las paredes de color lila. Este local, listo para entrar a vivir, esconde un tesoro adicional: está lleno de libros, y no cualquier libro, sino "libros buenos".
Casa Usher es una de esas librerías de barrio que se convierten en un punto de encuentro. Aquí, las clientas participan en clubes de lectura y los clientes dejan encargos como si fuera una gestión cotidiana. El ambiente es familiar pero estilizado, haciendo que los visitantes se sientan como en casa. Originalmente, la parte delantera era una bodega catalana, el Bar Pasqual, con la vivienda de los dueños detrás, una dualidad que se percibe en la sensación de estar en un "hogar al cubo".
El nombre de la librería hace referencia al famoso relato de Edgar Allan Poe, "La Casa Usher", pero es todo lo contrario. Mientras que la mansión gótica del cuento es destartalada y lleva a la locura, esta Casa Usher es un espacio de confort luminoso, una invitación a la permanencia. Forma parte de una generación de librerías como La Impossible o La Calders, que trascienden su función para convertirse en centros culturales que proyectan ideas y tejen comunidad.
Recientemente, un club de lectura en el patio puso de manifiesto la complicidad del espacio. Las vecinas de los pisos superiores, como en una escena teatral, podían sumarse a la conversación. Una antigua vecina, Montse, a pesar de sus limitaciones físicas, seguía las presentaciones y talleres desde su balcón, encontrando en la librería su ocio. La librera, Anna, invitó a los vecinos a un próximo encuentro para recomendar libros para las vacaciones de verano, demostrando el fuerte vínculo entre la librería y su entorno.




