La tensión entre el Departamento de Educación y los sindicatos docentes ha protagonizado el curso escolar en Cataluña, culminando en un año con 25 jornadas de huelga. Esta situación, que ha incluido protestas generales y sectoriales, especialmente en Barcelona, hace prever que el próximo curso también comenzará con reivindicaciones por parte del profesorado. Los sindicatos insisten en una mayor inversión para la escuela pública, mientras que el departamento defiende los acuerdos alcanzados como avances significativos para mejorar las condiciones de los centros educativos.
Las demandas sindicales iniciales al comienzo del curso incluían la recuperación del poder adquisitivo perdido, la mejora salarial, la reducción de las ratios de alumnos por aula y un incremento de recursos para la escuela inclusiva. Estas peticiones llevaron a convocatorias de manifestaciones y encierros en el departamento desde noviembre. Las negociaciones, inicialmente unidas bajo un frente sindical común, sufrieron una fractura el 9 de marzo cuando UGT y CCOO firmaron un acuerdo rechazado por otras organizaciones como USTEC, CGT, Professors de Secundària, la Intersindical y la COS. Este hecho derivó en nuevos paros y protestas durante los meses de mayo y junio.
Un preacuerdo alcanzado el 29 de mayo ofreció una esperanza de resolución, proponiendo una mejora salarial de casi 600 euros en cuatro años. Sin embargo, la consulta entre los docentes concluyó con el rechazo de esta propuesta, argumentando que los problemas fundamentales de ratios e inclusión no quedaban suficientemente abordados. Esta decisión abre un escenario incierto, con el departamento dispuesto a sacar adelante el acuerdo y sindicatos mayoritarios como USTEC y CGT reclamando cambios adicionales. Como medida de protesta, muchos centros ya han anunciado que no organizarán colonias el próximo curso.




