El domingo cierra definitivamente la frutería de Jaume García, posiblemente la más pequeña de Barcelona, situada en la calle de les Ramelleres, un pasaje que conecta la calle Tallers con la plaza de Vicenç Martorell. García, de 61 años, se jubila después de toda una vida dedicada al negocio que inició su padre hace medio siglo.
El establecimiento, ubicado en los bajos del Hostal Grau y junto al Bar Cèntric, es minúsculo y obliga a García a utilizar cajas de fruta como mostrador. Su padre abrió la tienda como complemento salarial cuando trabajaba como practicante en la fábrica de FECSA, hoy ocupada por la Facultad de Geografía e Historia de la UB.
“"Tiendas como esta estamos condenadas a la desaparición. Soy el último de los mohicanos."
García ha sido testigo de cómo su entorno se transformaba, con el cierre de negocios tradicionales como carnicerías, ferreterías y la oficina bancaria donde abrió su primera cuenta. Ahora, el barrio está dominado por restaurantes de comida rápida, supermercados 24 horas y pisos turísticos, mientras que la frutería y la Papereria Llenas son de los pocos vestigios que quedan.
A pesar de los cambios, García mantiene una clientela fiel, incluyendo vecinos ilustres como Raimon, Sílvia Pérez Cruz y el fotógrafo Manuel Outumuro. Muchos clientes le han pedido fotografiarse con él para tener un recuerdo antes del cierre definitivo.




