Daniel Vázquez Sallés: "La felicidad es una palabra muy sobrevalorada"

El escritor reflexiona sobre la pérdida de su hijo, su lucha contra la adicción y el legado de su padre, Manuel Vázquez Montalbán.

Imagen genérica de una máquina de escribir antigua con una hoja escrita.
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Imagen genérica de una máquina de escribir antigua con una hoja escrita.

El escritor Daniel Vázquez Sallés presenta su nuevo libro, 'Los felices ochenta', donde reflexiona sobre la vida, las pérdidas y el legado familiar, abordando su lucha contra la adicción.

El escritor Daniel Vázquez Sallés, hijo del reconocido Manuel Vázquez Montalbán, ha presentado su último libro, Los felices ochenta (Folch i Folch). En una conversación íntima, Sallés hace un retrato incómodo y divertido de una década marcada por grandes figuras políticas y culturales, pero también por el sida y las drogas, temas que han marcado profundamente su propia vida.
Sallés confiesa que los años 80 no fueron felices para él, lo que da título a su libro. Explica cómo renunció a su sueño de ser director de cine, una decisión que su padre, Manuel Vázquez Montalbán, acogió con una frase lapidaria: "¿Cómo vas a dejar algo que todavía no has hecho?". Esta sabiduría paterna contrasta con las propias crisis personales del escritor.
La vida de Vázquez Sallés ha estado marcada por experiencias dolorosas, incluyendo la muerte de su padre a los 37 años y, más recientemente, la pérdida de su hijo Marc a los 10 años. Esta última tragedia, ocurrida hace cinco años, le ha llevado a relativizar la vida y a disfrutar de momentos que antes pasaban desapercibidos. "Ahora disfruto de cosas a las que antes no daba importancia", afirma.
Hace ocho años, el escritor ingresó en un centro de desintoxicación tras descubrir su enfermedad de la adicción a los 52 años. Desde entonces, ha dejado completamente el alcohol y la cocaína, a pesar de que su pareja, la sommelier Meritxell Falgueras, trabaja en el mundo del vino. "Nunca más, nunca más", asegura.
Sobre el reconocimiento como escritor, Sallés admite que ser hijo de Vázquez Montalbán ha generado apriorismos, haciendo más complejo el camino. Sin embargo, defiende la calidad de sus libros, intentando que le gusten lo suficiente para poder defenderlos. Se define como un "nepo baby boomer", reconociendo las ventajas y los inconvenientes de tener padres con cierto renombre.
Ideológicamente, se declara independentista, una posición que ha mantenido toda la vida, a pesar de haber votado inicialmente el CDS. Su experiencia en Estados Unidos le hizo más de izquierdas. Lamenta la desilusión con la política actual, pero insiste en la importancia de votar e implicarse para evitar futuros "terribles".
Respecto a las figuras clave de los 80 como Jordi Pujol, Felipe González y Josep Lluís Núñez, Sallés ofrece una visión crítica. Considera a Pujol intelectualmente potente, a González "el gran engaño" de derechas, y a Núñez como un personaje "siniestro" que ocultó la destrucción de la arquitectura modernista de Barcelona. También menciona a Joan Antoni Samaranch como un "corcho" que supo flotar entre el franquismo y la modernidad olímpica.
La pérdida de su hijo Marc ha redefinido su perspectiva vital. "Ya que él no puede vivir, tengo que llevar un tipo de vida que a Marc le hiciera sentir orgulloso de su padre", afirma, marcando su objetivo para el futuro. También recuerda con emoción a su padre, especialmente en relación con el Barça, un club que considera "el ejército desarmado de Catalunya".
Sobre sus inicios con la cocaína en los 80, lo achaca a la curiosidad y la diversión nocturna, sin prever las consecuencias. "El problema está dentro de tu cerebro", reflexiona, evitando dar lecciones morales y prefiriendo enseñar con su propio ejemplo de vida alejada de las adicciones.
Actualmente, Vázquez Sallés disfruta de una vida tranquila junto a Meritxell Falgueras, celebrando sus 60 años. La entrevista concluye con la constatación de su carisma y sentido del humor, elementos que el público ha podido comprobar en la reciente entrevista completa.