La proliferación de deepfakes, contenidos digitales manipulados mediante inteligencia artificial para simular situaciones o declaraciones falsas, genera preocupación por sus posibles finalidades fraudulentas, difamatorias o de acoso. Según expertos, estas creaciones artificiales, que a menudo suplantan la identidad de personas o empresas, abren la puerta a un amplio abanico de delitos.
La llegada de la IA ha sofisticado enormemente los fotomontajes, haciendo "muchas veces imposible distinguir la realidad de lo que no lo es", según Gerard de Lucas, presidente de la sección de derechos de imagen del Col·legi de l'Advocacia de Barcelona. Ante esta situación, los especialistas recomiendan actuar rápidamente si se es víctima de un deepfake.
Los pasos clave incluyen documentar el incidente recopilando pruebas como capturas de pantalla y enlaces; solicitar la eliminación del contenido en la plataforma donde se ha publicado, argumentando la vulneración de derechos de imagen, honor y privacidad; y presentar una denuncia ante los Mossos d'Esquadra o la Policía Nacional si la afectación es grave, aportando todas las pruebas recopiladas. Los delitos más comunes asociados son la calumnia, la injuria, el acoso y la suplantación de identidad.
Además de las vías penales, se pueden emprender acciones civiles por vulneración de los derechos al honor, la intimidad o la propia imagen, incluyendo la reclamación de indemnizaciones por daños y perjuicios. También es posible presentar una reclamación ante la Agencia Española de Protección de Datos. El asesoramiento profesional de abogados es fundamental en estos procesos.
Las plataformas de redes sociales suelen retirar los contenidos denunciados con agilidad, aunque los procesos judiciales pueden ser largos y complejos, requiriendo paciencia y recursos. Las consecuencias para las víctimas van desde el daño moral y la autoestima hasta graves repercusiones reputacionales y económicas, pudiendo incluso situarlas en líos legales si los deepfakes se utilizan para cometer otros delitos.
Los expertos coinciden en que no se puede evitar ser víctima de un deepfake, ya que solo se necesita una imagen o grabación para crearlo. La responsabilidad recae principalmente en las plataformas, que deben implementar filtros preventivos con ayuda de la IA. Sin embargo, también se considera importante la labor de sensibilización y educación digital, así como los protocolos internos que cada vez más empresas desarrollan para identificar y actuar ante estos incidentes.



