Según datos de los Mossos d’Esquadra, la reducción ha sido desigual según la región policial. En Barcelona, la disminución ha sido del 40%, mientras que en la Región Norte ha sido del 11% y en la Región Sur del 19%. En esta última, los turistas que llegan a la ciudad desde el aeropuerto son las principales víctimas.
Los Mossos atribuyen este descenso a una doble estrategia: la vigilancia activa tanto en las estaciones como en el interior de los convoyes, con agentes uniformados y de paisano, y las tareas de investigación para desarticular bandas organizadas. La identificación de los delincuentes se facilita mediante las imágenes de las cámaras de videovigilancia.
El 92% de los delitos cometidos en el transporte público ferroviario son hurtos o robos sin violencia. Los métodos utilizados por los carteristas incluyen la distracción de las víctimas, a menudo haciéndose pasar por turistas, o la apertura hábil de bolsos y mochilas. En grupos organizados, el botín se pasa entre los miembros, mientras que los ladrones solitarios suelen bajar en la siguiente estación.
Otra táctica consiste en aprovechar las aglomeraciones para empujar y sustraer objetos sin que la víctima se dé cuenta. También se han detectado bandas especializadas en observar el número PIN de las tarjetas bancarias en el momento de comprar el billete para posteriormente seguir a la víctima y extraer dinero antes de que presente denuncia.
Los agentes han desarticulado una banda conocida como “mirapins” por este método, cuyos integrantes se han desplazado a otras ciudades fuera de Cataluña. La labor policial ha permitido acreditar su organización y atribuirles diversos delitos.
Con la aplicación de la ley de multirreincidencia, se puede solicitar el ingreso en prisión por la comisión reiterada de hurtos o instar a los juzgados que les impongan órdenes de alejamiento tanto de estaciones como de líneas ferroviarias específicas.




