El catalán se impone en la Sagrada Familia en la bendición papal

La presión social fuerza el cambio de protocolo y el Papa León XIV utiliza el catalán en un acto clave en Barcelona.

Imagen genérica de un micrófono en un atril.
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Imagen genérica de un micrófono en un atril.

La bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia por el Papa León XIV se realizó en catalán, modificando el protocolo inicial ante la indignación social y cultural.

El Papa León XIV bendijo la Torre de Jesús de la Sagrada Familia utilizando el catalán en los momentos clave, modificando la planificación inicial que preveía el castellano. Esta decisión se produjo tras una fuerte oleada de indignación en la sociedad civil y las entidades culturales, que forzó un cambio de rumbo en el protocolo del acto.
Expertos consultados señalan que este episodio pone de manifiesto la precaria situación del catalán, que requiere una lucha constante por su presencia. El filólogo Gerard Furest atribuye la polémica a la "indiferencia burocrática" del Vaticano y a una "progresiva españolización de la Iglesia catalana", influenciada por figuras como el arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella.
La doctora en literatura catalana Júlia Ojeda califica a Omella de "militante en contra de la catalanidad" y ve en el intento de excluir el catalán una "voluntad diglósica" para proyectar una imagen castellanizada de Barcelona post-Procés. Considera inadmisible la excusa de facilitar las cosas al Papa, un pontífice políglota.
El presidente de Plataforma per la Llengua, Òscar Escuder, habla de "hostilidad" y recuerda que es imposible que los obispos ignorasen el legado de Antoni Gaudí respecto a la lengua. Subraya que si el catalán estuviera normalizado, no habría habido discusión.
El análisis también critica la "dejadez institucional voluntaria" del Govern y del Departament de Política Lingüística, así como del Ajuntament de Barcelona, por su inactividad ante la polémica. Ojeda lamenta que esta situación permita la "folklorización" de la lengua, convirtiéndola en un elemento simbólico.
Gerard Furest defiende que la salvación estructural del catalán pasa por alcanzar un estado propio, tomando como referente Andorra y sus "métodos coactivos". En cambio, Escuder y Ojeda consideran que el Estatut ofrece margen de actuación y defienden la "voluntad política" de aplicar la legislación vigente y blindar la inmersión lingüística en las aulas.