La historia de Jordi Llorens es un testimonio de vitalidad y pasión después de la vida laboral. Desde que se jubiló, ha dedicado su tiempo al estudio y la creación artística, convirtiéndose en un reconocido experto en cerámica y arte catalán, una afición que nació como complemento para distraerlo.
“"Cometí un error al retirarme; desde entonces he escrito siete libros y voy un día a la semana a yoga."
Llorens proviene de una estirpe de ebanistas con más de 180 años de tradición en Barcelona, habiendo nacido él mismo frente a la Catedral. La empresa familiar, que ahora dirigen sus hijos como quinta generación, ha evolucionado desde el trabajo manual hasta la colaboración con arquitectos en proyectos de alto nivel, como la reconstrucción de muebles de la Casa Batlló.
A pesar de su dedicación al arte, Llorens confiesa que no quería jubilarse, ya que disfrutaba intensamente de su trabajo. Tras la pérdida de su esposa, con quien estuvo casado 61 años, encontró en la pintura y la escritura una forma de mantener su vitalidad y agradecimiento por la vida, asegurando que cada noche se siente un hombre privilegiado.
“"Disfrutaba mucho trabajando, si alguien me preguntara si jubilarse o no, le diría que no lo hiciera."




