La manifestación convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el Consell de la República en Barcelona el pasado sábado, 7 de febrero de 2026, congregó alrededor de 8.000 personas, según datos de la Guardia Urbana. La protesta, liderada por Lluís Llach, pretendía reivindicar la soberanía como la única solución al caos de la red de Rodalies, que el cantautor calificó de "trato colonial" por parte del Estado español.
“"quiere ser una señal definitiva de que ya basta con las humillaciones que el Estado español impone continuamente a Cataluña."
Entre los asistentes destacados se encontraba Jordi Turull, secretario general de Junts, quien exigió al Govern que elija entre Renfe o servir a los ciudadanos, defendiendo que la Generalitat debe asumir la titularidad completa de Rodalies. Turull también pidió la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, y de la consellera de Territorio, Sílvia Paneque.
“"La incompetencia, la desinformación y la dejadez, no pueden tener premio."
Desde el Govern en funciones, el president Albert Dalmau respetó las reivindicaciones, asegurando que el ejecutivo de Illa será quien "lo arregle, de una vez por todas" con inversiones y un traspaso "que no tiene marcha atrás". Por su parte, la consellera Sílvia Paneque se limitó a informar sobre la reanudación de la circulación de la R4 en el tramo de Sant Feliu de Llobregat tras un desprendimiento.
Otros líderes políticos también criticaron la situación. Xavier Antich, presidente de Òmnium, tachó al Estado español de "estado fallido" debido a la desinversión y el "maltrato" a los catalanes. Laura Pelay (vicesecretaria de ERC) añadió que el sistema ferroviario está en una situación de "quiebra" que afecta a la salud mental de los usuarios.




