Los datos recogidos por el Observatori Fabra indican que solo en el mes de enero se registraron hasta 100 l/m² en Barcelona, una sexta parte del promedio anual. Este patrón ha llevado al Servei Meteorològic de Catalunya (Meteocat) a catalogar el invierno 2025-2026 como el más lluvioso desde el periodo 1995-1996, e incluso desde 1950 en algunas localidades.
“"De momento, los mapas indican dos semanas más de precipitaciones."
Este fenómeno se atribuye al efecto del 'jet polar', según Corral. Esta intensa corriente de aire actúa como una “cinta transportadora de depresiones” debido a la presencia de anticiclones potentes situados más al norte de lo habitual. Estos anticiclones “bloquean, porque son persistentes y no se mueven”, forzando a la corriente polar a descender de latitud y dirigir las borrascas directamente hacia la Península Ibérica.
Las consecuencias de esta inestabilidad han sido positivas para las reservas hídricas: los embalses de las cuencas internas de Catalunya han escalado hasta el 90,5% de su capacidad, asegurando agua para más de un año sin restricciones, según la Agència Catalana de l’Aigua (Aca). Además, las nevadas han sido excepcionales en la montaña, con la estación automática de Núria batiendo su récord histórico de 26 años al medir 144 centímetros de nieve acumulada el pasado 26 de enero.




