La gastronomía catalana destaca por su riqueza, variedad y el respeto por el producto de proximidad y de temporada. Platos como el pa amb tomàquet, la escudella o los canelons forman parte de la identidad cultural de Catalunya, ligada estrechamente al calendario y las celebraciones populares.
La temporada de los calçots se extiende de noviembre a abril, siendo los meses de enero, febrero y marzo los de mayor consumo. El origen de esta tradición se remonta a Valls, en el Alt Camp, donde un campesino llamado Xat de Benaiges encontró dos cebollas asadas en su huerto.
Benaiges decidió volver a echarlas al fuego para aprovecharlas, pero el exceso de llama las carbonizó por fuera. Al pelar la parte quemada, descubrió que el interior seguía tierno y presentaba un sabor dulce y meloso, muy distinto al de la cebolla cruda.
Este descubrimiento llevó a Benaiges a perfeccionar el cultivo, amontonando tierra en la base del tallo (proceso llamado “calzar”) para alargar la cebolla, dando origen al nombre de calçot. Antes de ser una tradición popular, era el alimento de las familias más humildes durante el invierno.
A mediados del siglo XX, la Peña artística l’Olla de Valls popularizó la costumbre organizando grandes banquetes. Desde el año 2001, los calçots de Valls gozan del sello de Indicación Geográfica Protegida (IGP), garantizando su calidad y origen.




