En el segundo día de su visita a Catalunya, el papa León XIV ha revelado una faceta más relajada y cercana durante su estancia en la parroquia de Sant Agustí de Barcelona. Allí conoció a Renzo, un niño de seis años, que le envió una carta explicando las dificultades que afrontan muchas familias en la ciudad. El pontífice leyó personalmente la misiva, llena de preguntas sobre los gustos del papa y las injusticias que el niño observa en su entorno.
Renzo preguntó al santo padre si le gustaba el fútbol. El papa confesó que, aunque ahora practica el tenis, de joven jugó al fútbol americano y también fue defensa en partidos de fútbol con seminaristas en Perú. "El fútbol nos ayuda a entender que la vida no es una carrera solitaria. Se juega en equipo y hay que aprender a correr juntos", reflexionó el pontífice.
Entre risas, León XIV admitió que no quería ser papa de pequeño, pero sí sintió desde joven la llamada de Dios para dedicar su vida al servicio religioso. También tuvo que responder a cuestiones más complejas planteadas por Renzo, como las preocupaciones de sus padres, la situación de las personas sin hogar en la ciudad y la dicotomía entre ricos y pobres.
¿Dios quiere que haya pobres y ricos?
Durante la visita, el papa también escuchó los testimonios de representantes de instituciones que trabajan con colectivos vulnerables en el barrio del Raval, como Cristina García de Càritas Barcelona, Xavier Agramunt de Obinso, y Encarna Jordan de la Associació SICAR. Compartieron la dureza y la impotencia que a menudo sienten en su labor de ayuda.
En respuesta a estas inquietudes, el papa León XIV hizo un llamado a acompañar y promover "a quienes más lo necesitan", lamentando la pérdida del "sentido de la dignidad sagrada del ser humano". En un discurso pronunciado íntegramente en catalán, subrayó la importancia de mantener la esperanza en la capacidad de las personas para "recuperar su rumbo" y en la "fuerza transformadora" del "amor de Dios".
Finalmente, el pontífice reivindicó la figura de los abuelos, pidiendo que no se normalice la soledad de las personas mayores y reclamando que "aunque no sean nuestros abuelos, no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos".




