Durante la clausura de la cumbre Global Progressive Mobilisation, que tuvo lugar el viernes 17 y sábado 18 de abril en la Fira de Barcelona, Sánchez reunió a cerca de 6.500 asistentes y una veintena de líderes mundiales. En su discurso, proclamó el fin de la hegemonía de la extrema derecha, asegurando que su tiempo "ha llegado a su fin" y que los conservadores "no gritan porque estén ganando, sino porque saben que su tiempo se acaba".
“"Han intentado que nos avergonzásemos, pero eso se acabó. La vergüenza cambia de bando."
El líder socialista hizo un llamamiento a la izquierda internacional para sacudirse los complejos y cargó contra las grandes élites, incluyendo multimillonarios, especuladores y tecno-oligarcas. Afirmó que los gobiernos progresistas "no se arrodillan ante las élites, las ponen en su sitio".
La capital catalana ha sido el epicentro de este frente progresista, consolidando el perfil exterior de Pedro Sánchez y la política exterior española. La cumbre sirvió para estrechar lazos en defensa del multilateralismo con figuras como el presidente de Brasil, Lula da Silva, y los presidentes de México, Colombia y Sudáfrica.
En el ámbito catalán, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, defendió la aplicación del 'seny' catalán y la dignidad humana para hacer frente al auge reaccionario. Por su parte, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, puso el acento en la solución de la emergencia habitacional, pidiendo frenar la especulación para garantizar que los vecinos puedan permanecer en sus ciudades.
Además, Sánchez reafirmó su compromiso de traspasar el IRPF, cumpliendo lo acordado con el Govern de la Generalitat. En la jornada previa, la cumbre dio inicio con la IV Reunión en Defensa de la Democracia, donde se exigió la reforma del sistema multilateral de las Naciones Unidas.




