La percepción social a menudo asocia a las 'escorts' con el trabajo sexual de alto nivel, una etiqueta que muchas profesionales utilizan para distanciarse del estigma de la prostitución. Según la profesora de la UAB, Lorena Garrido, la clave reside en el concepto de "consentimiento", argumentando que el intercambio de carácter sexual o sexoafectivo puede ser una elección consciente, incluso sin deseo, y comparándolo con otras profesiones vulnerables.
Aunque las profesionales como Lucía defienden su elección como "acompañantes" y no como prostitutas, argumentando que deciden "cuándo, cómo y con quién" estar, los datos del CIS indican que la mayoría de españoles ven la prostitución como una forma de violencia y un peligro para la dignidad.
Los encuentros no siempre incluyen sexo; algunas profesionales dedican gran parte de su tiempo a acompañar clientes en cenas o eventos sociales, actuando como "actrices" para cumplir las expectativas. Andrea, que empezó con 15 años en Colombia por necesidad, ahora reconoce que la profesión también puede generar "avaricia" y que las obligaciones personales y familiares son prioritarias, incluso rechazando ofertas para dejar el trabajo.
“"En nuestro imaginario las 'escorts' son una manera de llamar al trabajo sexual de alto standing. Muchas personas utilizan este concepto porque es una forma de identificarlo sin el estigma que arrastra la prostitución"
La falta de una regulación clara en España, con una postura "abolicionista" que prohíbe la publicidad y dificulta el ejercicio legal, genera desprotección. La profesora Garrido señala que la "infravisibilidad y la criminalización" dificultan la denuncia de agresiones y aumentan la vulnerabilidad, pudiendo empujar a las trabajadoras hacia redes de explotación.
La abogada de la Unidad Municipal contra el Tráfico de Seres Humanos (UTEH) del Ayuntamiento de Barcelona, Begoña Martínez, corrobora las duras realidades de chicas engañadas que llegan a Cataluña bajo falsas promesas, siendo víctimas de tráfico y explotación, como el caso de siete jóvenes venezolanas que denunciaron a un matrimonio explotador.
“"Llegar de fuera y ponerte a ejercer libremente como 'escort' no es fácil"
El debate feminista se divide entre la prohibición y la regulación. Mientras algunas profesionales cotizan a la Seguridad Social, otras trabajan en "negro", como las 'sugar babies'. La necesidad de una regulación que evite la desprotección y la criminalización es un clamor recurrente para garantizar condiciones dignas en una profesión que, según las profesionales, "existía, existe y existirá".




