Desde su apertura en el año 2003, Guitarland se ha consolidado como un referente para los amantes de la música en el barrio de Gràcia, en Barcelona. Este establecimiento, situado en la calle del Diluvi, ha llenado un vacío en un distrito con una fuerte tradición musical, ofreciendo una amplia gama de instrumentos de cuerda pulsada y servicios especializados.
“"El barrio siempre ha tenido este tipo de personalidad afín con la música, muy activa, muy inquieta."
Los responsables de la tienda iniciaron el proyecto con ilusión, tomando el relevo de negocios históricos que habían cerrado. A pesar de haber tenido que resistir la crisis económica de 2008, han mantenido su compromiso con la calidad y la atención al cliente. Su especialización en instrumentos de cuerda, particularmente la guitarra, les permite ofrecer un servicio experto y personalizado.
Guitarland ofrece una selección de más de un centenar de guitarras, tanto clásicas como eléctricas, además de bajos, mandolinas, ukeleles y banjos. También disponen de todos los accesorios necesarios, desde cuerdas y afinadores hasta amplificadores. Los precios de los instrumentos oscilan entre los 100 y los 1.200 euros, buscando siempre el equilibrio con las demandas del barrio.
“"Estamos orgullosos de que nuestros clientes puedan salir de aquí con lo que necesitan. O bien un instrumento nuevo o bien su instrumento bien ajustado, a punto para que suene inmejorable."
Además de la venta, la tienda destaca por su servicio de reparación, capaz de solucionar desde mástiles desviados hasta problemas con la madera. También ofrecen la posibilidad de diseñar instrumentos exclusivos, encargando la construcción a un taller especializado, garantizando que no haya dos guitarras iguales.
Los fundadores de Guitarland, con formación como técnicos de sonido y músicos, subrayan la importancia de la educación musical. Señalan que el consumo musical en España es significativamente inferior al de otros países como Alemania, donde la música está profundamente integrada en el sistema educativo. Esta diferencia, según ellos, demuestra cómo la educación puede influir directamente en el consumo cultural.
La clientela de Guitarland es diversa, incluyendo desde compradores habituales hasta músicos callejeros con recursos limitados que necesitan instrumentos económicos. La tienda también aborda la problemática de la regulación de la música en la calle en Barcelona, donde a menudo se asocia con ruido, generando dificultades para los artistas.




