Jóvenes revitalizan Gallifa con viviendas rehabilitadas por el Ayuntamiento

Tres residentes de Gallifa, en el Vallès Occidental, explican cómo han logrado emanciparse gracias a la iniciativa municipal.

Imagen de un pueblo rural catalán con casas de piedra y entorno natural.
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Imagen de un pueblo rural catalán con casas de piedra y entorno natural.

El Ayuntamiento de Gallifa, con el apoyo de la Diputación de Barcelona, ha implementado una estrategia para combatir la despoblación juvenil, rehabilitando viviendas para ofrecer alquileres asequibles y permitir que jóvenes como Mariona Berenguer, Pol Granell y Agustí Roca puedan quedarse en el pueblo.

En Gallifa (Vallès Occidental), un municipio de 171 habitantes, la emancipación ya no implica necesariamente marcharse. El Ayuntamiento, en colaboración con la Diputación de Barcelona, ha puesto en marcha una iniciativa para rehabilitar viviendas antiguas, vacías o degradadas e incorporarlas al parque de alquiler asequible. Esta medida busca retener a los jóvenes y evitar el éxodo rural.
Mariona Berenguer, de 26 años, es un ejemplo de esta política. Después de vivir toda la vida en Gallifa, ha podido instalarse hace dos meses en uno de los apartamentos rehabilitados de la finca Can Munné. Esta joven, que trabaja en Caldes de Montbui, valora la libertad e independencia que le ofrece poder quedarse en su pueblo natal, donde siente que pertenece y donde la naturaleza forma parte de su día a día. Para ella, la continuidad familiar y la tranquilidad son factores clave, y espera poder construir un futuro en Gallifa y asegurar el relevo generacional.

"Es una libertad, una independencia personal en la que puedes crecer y experimentar nuevas obligaciones."

Mariona Berenguer · Joven residente de Gallifa
Pol Granell, de 29 años, aunque no nació en Gallifa, estableció un fuerte vínculo con el pueblo durante los fines de semana en casa de sus abuelos. Hace más de tres años que vive en Can Munné, en uno de los apartamentos rehabilitados. Trabaja en La Roca del Vallès y teletrabaja dos días a la semana, considerando que vivir en Gallifa le aporta tranquilidad y un ritmo de vida diferente. Reconoce, sin embargo, que la vida en un pueblo pequeño implica una mayor dependencia del coche y una menor oferta social, aunque esto no es motivo suficiente para marcharse.
Finalmente, Agustí Roca, de 45 años, cumplió su sueño de regresar a Gallifa con su mujer y sus dos hijos, después de haber vivido en Moià y Sant Quirze Safaja. Se instaló en una casa de la calle Solella, rehabilitada por el consistorio mediante una iniciativa de masovería urbana. Aunque su traslado implicó desplazamientos diarios por el trabajo (él en la Guardia Urbana de Barcelona y su mujer en Vic), valora enormemente los beneficios del entorno rural, como el silencio y la calma, que compensan el tiempo de trayecto.

"Con la tranquilidad y calma mental que siento al llegar a casa, me compensa hacer diariamente 20 o 30 minutos de coche."

Agustí Roca · Joven residente de Gallifa