España cuenta con una extensa red de carreteras, pero algunos tramos destacan por la belleza de sus paisajes. Catalunya alberga una de estas vías singulares, popularmente conocida como la 'carretera de las 365 curvas'.
Esta ruta, que conecta las localidades gerundenses de Tossa de Mar (la Selva) y Sant Feliu de Guíxols (Baix Empordà), fue construida en el año 1920. Aunque el número exacto de curvas no ha sido verificado, su trazado serpenteante le ha valido este nombre popular. Sus 22 kilómetros se adaptan a la geografía del terreno, cruzando el macizo de Cadiretes, una reserva natural que combina entorno montañoso y costero.
El paisaje es uno de los grandes atractivos de esta carretera. Los acantilados y la vegetación mediterránea ofrecen vistas panorámicas al mar, invitando a detenerse y contemplar la belleza del litoral de la Costa Brava. El punto de partida recomendado es la Playa de Tossa de Mar, con su muralla medieval como telón de fondo.
A lo largo del recorrido, varios miradores invitan a hacer una pausa. El Mirador de Pola, situado entre la Cala Bona y la Cala Pola, es uno de los más populares. Más adelante, el Mirador de Salionç ofrece un ambiente tranquilo con vistas a la Cala Salionç, permitiendo admirar cómo la carretera se abre paso entre los acantilados.
La ruta también esconde calas paradisíacas, algunas de difícil acceso. La Cala Giverola, rodeada de colinas y pinos, es ideal para actividades acuáticas como el snorkel o el buceo. La Cala Futadera, aunque requiere un descenso por unas largas escaleras, ofrece un paraje prácticamente desierto y rodeado de naturaleza. Para una opción más familiar y accesible, la Playa dels Canyerets, situada a medio camino, dispone de servicios y está conectada con la Cala Canyet.




