Tras dieciocho días con incidentes constantes en la red ferroviaria catalana, el malestar acumulado se visualiza hoy en Barcelona. Las entidades señalan la falta de inversión estructural del Estado en el sistema, aunque el colapso vivido este enero ha superado cualquier previsión. El punto de inflexión fue el accidente de Gelida el 20 de enero, cuando el desprendimiento de un muro provocó la muerte de un maquinista en prácticas.
La crisis ha puesto en el punto de mira a Renfe y Adif, y ha evidenciado las deficiencias en la comunicación con los usuarios. Asimismo, ha tensado las relaciones entre el Gobierno español y la Generalitat. La presión de la oposición sobre la consejera de Territorio, Sílvia Paneque, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, ya se ha traducido en la salida de dos figuras de segundo nivel de las respectivas administraciones.
La primera movilización, al mediodía, ha sido impulsada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y el Consell de la República bajo el lema “Prou! Única via: independència”. Esta protesta busca vincular el colapso de Rodalies con la dependencia del Estado. La marcha comenzó en el monumento de Rafael Casanova y avanzó hasta la Plaça Sant Jaume.
Por la tarde, a las cinco, será el turno de la manifestación convocada por las plataformas de usuarios, con el apoyo de más de un centenar de entidades sociales y sindicales. Con el lema “Sense trens no hi ha futur”, la movilización saldrá de la Estació de França, donde se encuentra el centro de control de Adif, y también finalizará en la Plaça Sant Jaume.




