Afectado desde joven por el reumatismo articular, Gaudí optó por la medicina natural siguiendo las enseñanzas del doctor alemán Sebastian Kneipp. A los 40 años, consolidó su transición hacia el vegetarianismo, eliminando por completo la carne y el pescado de su mesa.
Su alimentación cotidiana destacaba por ser extremadamente básica: ensaladas de lechuga o escarola con aceite de oliva virgen extra, frutos secos y fruta de temporada. Evitaba el exceso de sal y especias, buscando siempre la pureza de los ingredientes naturales.
Para el arquitecto, esta disciplina nutricional era clave para mantener la concentración en sus proyectos monumentales, como la Sagrada Família, vinculando su bienestar físico con su profunda convicción espiritual y artística.




