Esta fachada, caracterizada por su severidad y densidad teológica, fue ideada por el arquitecto para expresar el «misterio de la redención» con una fuerza formal radical. Una estudiosa de la obra de Gaudí, que realizó su tesis doctoral sobre el tema, ha reconstruido la génesis de este proyecto y su relación con la posterior intervención escultórica de Josep Maria Subirachs.
Los primeros bocetos de la fachada se remontan a entre 1892 y 1900, coincidiendo con la ampliación del templo. Sin embargo, el diseño definitivo se concretó en 1911, un año crucial para Gaudí. Afectado por fiebres y retirado en Puigcerdà por motivos de salud, el arquitecto profundizó en los textos espirituales que siempre habían nutrido su visión artística.
“"La fachada actual de la Pasión la proyecté en el dolor."
Durante este período, Gaudí se dedicó a revisar los Evangelios, el Misal Romano y otras obras fundamentales, en un «retorno exhaustivo a las fuentes que inspiraban su manera de ver el mundo». El dibujo de 1911, conservado y analizado por el arquitecto Isidre Puig Boada, revela una estructura llena de simbolismo, con un pórtico de seis columnas inclinadas y cinco arcos, donde las tres puertas representan las virtudes teologales y la cruz central actúa como eje narrativo.
La propuesta arquitectónica de Gaudí se articula en torno al tríduo pascual, buscando representar el misterio de la redención. A diferencia de la exuberante Fachada del Nacimiento, la de la Pasión se caracteriza por su austeridad, con «aristas geométricas muy simples» que buscan provocar una reacción física y espiritual en el observador, concentrando la atención en la tragedia. El arquitecto quería una fachada «geométrica, dura, pelada, hecha de huesos», que uniera la cruz y el sepulcro vacío para simbolizar la identificación entre el Crucificado y el Resucitado.
La estructura arquitectónica comenzó a construirse en 1954, siguiendo fielmente el proyecto original de 1911. Gaudí ya había anticipado que su obra sería continuada por futuras generaciones. El escultor Josep Maria Subirachs asumió la intervención escultórica en 1987, adaptando la narrativa y disponiendo las figuras en un orden cronológico ascendente, con un lenguaje angular y contemporáneo que dialoga con la severidad prevista por Gaudí. El resultado es una interpretación moderna del drama teológico, un escenario de piedra que concentra el peso simbólico de los tres últimos días de Jesús.




