Una treintena de personas de la delegación catalana se embarcarán en esta iniciativa, que busca romper el bloqueo en Gaza. Sin embargo, la viabilidad de la misión humanitaria genera incertidumbres, especialmente en cuanto a las implicaciones geopolíticas y los obstáculos burocráticos que podrían surgir durante el trayecto.
Sonia Andolz, profesora de política internacional en la Universitat de Barcelona, ha analizado las posibles consecuencias de este viaje y los escenarios más probables que la flotilla podría encontrar. Según Andolz, la acción se define como un “acto simbólico de resistencia civil”, ya que la entrada a Gaza sin permiso de Israel es prácticamente imposible.
“"Lo que se quiere es demostrar que los estados no hacen algo que deberían hacer, que es evitar que un país esté ocupando militarmente otro."
La experta se muestra escéptica sobre la posibilidad de que esta flotilla logre mejores resultados logísticos que las anteriores. Históricamente, estas misiones han sido interceptadas, sus participantes detenidos y posteriormente expulsados o repatriados. En el pasado, incluso cuando lograron llegar, las personas se quedaron atrapadas en Gaza sin poder salir.
Los riesgos para los integrantes son elevados, y la nacionalidad puede influir en el grado de peligro, ya que Israel considera el pasaporte de los participantes. Aunque el punto de partida es delicado, Andolz no cree que las consecuencias sean mucho peores que en otros momentos, siendo el peor escenario una detención prolongada en Israel o, en un caso extremo, un ataque.
Respecto a la legalidad de la intercepción, Andolz subraya que Israel ocupa de forma ilegal la costa marítima palestina, lo que debería permitir el transporte marítimo internacional. Sin embargo, la sociedad israelí vería como una “batalla perdida” o una “vergüenza militar y nacional” que se rompiera el bloqueo, descartando que el ejército israelí deje la costa desprotegida. La analista no considera que Irán represente una amenaza para la flotilla.




