La obra artística 'Pareidolia' de la artista Olga Delgado nos invita a explorar la compleja relación entre la percepción, la memoria y la creación artística. En una naturaleza muerta detallada, Delgado reúne objetos con un fuerte valor personal: un caracol de mar, una escultura de ramitas con reminiscencias flamencas, un vaso de vino blanco sobre un posavasos del mítico club de jazz Jamboree de Barcelona, una libreta con lápiz y un libro, y un reloj despertador girado hacia la pared.
Este primer cuadro al óleo de la artista, titulado Autorretrato, utiliza el reloj despertador como metáfora visual. Su parte trasera, con las llaves de cuerda y el arco invertido, se transforma en una fisonomía humana afligida, evocando la finitud existencial y un estado de ánimo desanimado.
El concepto de pareidolia, definido como el fenómeno psicológico de reconocer formas familiares, especialmente rostros, en patrones aleatorios, es central en la reflexión. Esta tendencia, que organiza la percepción en patrones significativos asociados a recuerdos y emociones, fue la base del test de Rorschach, aunque su validez científica actual es cuestionada.
Siguiendo las ideas de Leonardo da Vinci en su Tratado de la pintura, Delgado sugiere que la contemplación de formas ambiguas, como las de una pared manchada o las nubes, puede ser un potente estímulo para la imaginación y la creación artística, permitiendo al pintor visualizar paisajes, batallas o figuras humanas.
La reflexión se extiende a la capacidad imaginativa de las personas invidentes, que a menudo desarrollan una imaginación extraordinaria, en contraste con aquellos que sufren afantasia. Mirar, por tanto, no es solo registrar el mundo, sino conferirle forma, sentido y afecto, recreando e interpretando la realidad a través de la percepción y la memoria.




