El 21 de mayo de 2016, conocido como el ‘Superdissabte’, un 70% de la militancia de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) optó por bajar la persiana de la formación y dar paso a una nueva etapa política. Una década después, voces destacadas del espacio convergente, como el exalcalde de Barcelona, Xavier Trias, y el secretario general de Junts, Jordi Turull, consideran esta maniobra un "error". El expresidente Artur Mas, por su parte, cree que la decisión de enterrar las siglas "se la podrían haber ahorrado", si bien defiende la voluntad de "salvar el proyecto" convergente.
El año 2014 marcó un punto de inflexión con la confesión del expresidente Jordi Pujol sobre una herencia no declarada en Andorra. Además, el partido afrontaba el cambio de liderazgo con Carles Puigdemont sustituyendo a Mas como presidente de la Generalitat, y la carga de los recortes del primer Govern de Mas (2010-2012). Estos factores crearon un "lío" que, según Turull, fue "estructural" por "circunstancias coyunturales", como el impacto de los ajustes presupuestarios o el "acoso por posibles casos de corrupción".
Turull, que nunca fue partidario de la disolución, señala que los recortes "no se explicaron como se debería haber hecho", afectando el "alma social" del partido. Trias critica la hoja de ruta que llevó a la extinción, afirmando que "nos metimos en un lío" y que "a muchos partidos les han pasado cosas más sonadas" sin cerrar. Lamenta la "situación de cierta orfandad" para muchos militantes "pujolistas".
Mas justifica la decisión como una forma de "salvar" el proyecto convergente, "que era el de Pujol", a pesar de prescindir de las siglas. Califica la confesión de Pujol como una "inundación de agua fría" y destaca la necesidad de pasar de un partido "autonomista" a uno "soberanista e independentista". Sin embargo, con perspectiva, admite que "quizás nos lo podríamos haber ahorrado".
El nacimiento del PDeCAT se describe como "tortuoso", con "defectos de fábrica", como la resistencia del aparato a la dinámica independentista del país. Turull defiende que para afrontar el 1 de octubre de 2017 se necesitaba una "herramienta muy fuerte" que el PDeCAT no fue. Trias califica la disolución como "muerte anunciada".
Mas señala la falta de "unidad interna" y de un liderazgo fuerte como piezas clave del partido heredero de CDC. Se reprocha a sí mismo no haberse mantenido más en la "primera línea" para implicarse en la construcción de la nueva formación. Receta a Junts ser una formación "central", capaz de acuerdos "a derecha e izquierda", poniendo la ideología en "segundo orden".
Los tres coinciden en el espíritu convergente como una "forma de entender el país", el "catalanismo", la capacidad de juntar "el máximo de gente posible" para una Cataluña "soberana", y una "forma de hacer y de ser con éxito". Trias subraya la presencia de gente de derechas e izquierdas remando por un "proyecto común", mientras Turull añade la "cultura del esfuerzo".
Trias ve una "voluntad de reencuentro" dentro de Junts, impulsada desde el mundo local, y menciona pactos con formaciones de la órbita de CDC como Convergents y la integración de Demòcrates. Turull constata "mucho espíritu" convergente en Junts, con vocación de "apilar", aunque Mas recuerda que Junts nació sin la receta convergente como "nexo de unión principal".
Mas considera que Junts es el único partido que puede encarnar el espíritu de CDC, pero el reto es "poner al día" un proyecto de éxito en un contexto de "fragmentación de la política catalana".




