La espirulina, un cianobacterio conocido científicamente como Limnospira indica, viajará por primera vez a la Estación Espacial Internacional (EEI). El objetivo es llevar a cabo un experimento para comprobar si este microorganismo puede ser cultivado en condiciones de microgravedad. Esta alga tiene la capacidad de captar dióxido de carbono, producir oxígeno y servir como fuente de alimento, características que la hacen especialmente valiosa para la vida en el espacio.
El experimento forma parte de un proyecto desarrollado en la planta piloto Melissa de la UAB, con la colaboración de la empresa Sener y del Instituto de Microelectrónica de Barcelona. La financiación proviene de la Agencia Espacial Española a través de la Agencia Espacial Europea. Se prevé que un astronauta español, posiblemente Pablo Álvarez Fernández, sea el encargado de llevar a cabo el cultivo durante su primera misión a la estación, prevista para principios del próximo año.
El director de la planta piloto Melissa, Francesc Gòdia, destaca la importancia de los sistemas bioregenerativos para misiones de larga duración, que permiten transformar los residuos de la tripulación en recursos útiles como agua, oxígeno o comida. Actualmente, los alimentos se transportan desde la Tierra y los residuos se eliminan de la estación, lo que limita la autonomía de las tripulaciones.
La coordinadora técnica de Melissa, Carol Arnau, señala que el experimento busca verificar si los astronautas pueden vivir en el espacio durante periodos prolongados sin depender del suministro terrestre, reduciendo así la dependencia con la Tierra. Estos sistemas circulares cerrados, que ya han demostrado su eficacia en la Tierra, son objeto de investigación desde hace treinta años.
El cianobacterio viajará en un equipo miniaturizado con casetes de cultivo, equipados con puertos de entrada y salida, sensores fotónicos, iluminación LED y sistemas electrónicos para el monitoreo. Las muestras se mantendrán en bolsas estériles y a oscuras hasta llegar a la EEI, donde un astronauta las colocará en una incubadora a 36 ºC para crecer en microgravedad.
La directora de calidad de Sener, Eva Creus, explica que uno de los principales retos ha sido la miniaturización del equipo para adaptarlo a las necesidades del astronauta. Durante 15 días se estudiará la evolución de las muestras, y los resultados se compararán con los obtenidos en la planta piloto Melissa. Si la espirulina demuestra ser apta para el cultivo espacial, se convertirá en una candidata ideal para futuros ecosistemas habitables en la Luna, estaciones orbitales o Marte.




