La policía catalana ha identificado el narcotráfico, los extremismos y, especialmente, la violencia juvenil como desafíos clave para la seguridad del país. Esta última problemática se centra en pequeños grupos de jóvenes, mayoritariamente en edad escolar, que han ido apareciendo en Barcelona y su área metropolitana.
Preocupa especialmente que, en algunos casos, estos grupos exhiban armas blancas, como machetes, y que se produzcan peleas y ataques entre ellos en la calle. Ante esta situación, la Comisaría General de Información de los Mossos ha implementado un plan para identificar los puntos de Catalunya con presencia de estas bandas, una estrategia iniciada hace un año y medio con la llegada de la nueva jefatura.
Ya se han detectado zonas con actividad de bandas juveniles en L'Hospitalet de Llobregat y Terrassa, así como en áreas cercanas al río Besòs, en los distritos barceloneses de Sant Andreu, Nou Barris y Sant Martí. Esta semana, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado una proposición para impulsar un plan conjunto entre la Guàrdia Urbana, los Mossos y las policías locales del área metropolitana para hacer frente a esta problemática.
“"Se necesitan mediadores, más integradores sociales y más presencia en la transición de la ESO al mundo laboral."
A pesar de la preocupación, los Mossos subrayan que el comportamiento de estos jóvenes difiere del de las bandas latinas de los años 2000, como los Trinitarios o los Ñetas. Los grupos actuales son más pequeños, heterogéneos, con miembros de diversas nacionalidades (mayoritariamente españoles) y su actividad delictiva se limita principalmente a peleas, sin una fidelidad al grupo tan marcada ni una estructura como la de las grandes organizaciones internacionales.
Expertos en la materia apuntan que Catalunya se encuentra lejos de la situación de Madrid, donde la presencia de bandas juveniles de origen latino está más arraigada. Un catedrático de antropología de la UPF destaca que muchos miembros de estos grupos son segunda y tercera generación de inmigrantes que buscan un sentimiento de pertenencia y que se sienten excluidos. Añade que la dinámica actual se asemeja más a la de las pequeñas bandas de barrio de los años 70.
“"Buscan formas de afirmación en una sociedad que difícilmente los ha aceptado."
Tanto fuentes policiales como expertos coinciden en que el abordaje de estos conflictos no puede ser solo competencia policial. Se destaca la necesidad de mediadores, integradores sociales y una mayor presencia en la transición de la ESO al mundo laboral, así como la importancia del entorno escolar para reducir el absentismo y la segregación. Recientemente, se ha sabido que los Mossos y el Departamento de Educación están impulsando un plan piloto con agentes de paisano en los centros educativos para prevenir la violencia juvenil.




