Mientras la ciudad celebra la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Familia, se abren puertas a rincones inéditos del templo. Bajo el imponente edificio, que alcanza los 172,5 metros, se encuentra una cripta que data de los primeros muros de la construcción, un espacio que difiere notablemente de la obra maestra de Gaudí que se eleva en la superficie. Esta cripta, que conserva los vestigios de los inicios del templo, también acoge el reposo eterno de Antoni Gaudí, cuyos restos permanecieron intactos durante los sucesos de 1936.
A diferencia de otros lugares de culto históricos, como la iglesia de Sant Just i Pastor, donde se halló una pila bautismal del siglo VI, o la Catedral de Barcelona, que alberga los restos de 45 personajes ilustres, la cripta de la Sagrada Familia ocupa solo una parte del subsuelo. La idea original de Josep Maria Bocabella, el filántropo impulsor del templo expiatorio, era que los grandes mecenas tuvieran un sepulcro reservado en el interior, una petición que no prosperó en 1917.
Más allá de la cripta, los verdaderos sótanos de la basílica presentan un carácter más funcional. Estos espacios, asentados sobre las tierras arcillosas de Barcelona, actúan como la sala de máquinas del templo. Su función es crucial para garantizar una climatización óptima, evitando que el interior se convierta en una 'nevera' en invierno o un 'infierno' en verano, asegurando así el confort de los visitantes.
“"La cripta es un espacio muy poco gaudiniano, o al menos muy distinto al sin igual edificio que se alza en la superficie."




