La arqueología ha vivido uno de los momentos más relevantes de las últimas décadas en la capital catalana. El hallazgo de grandes losas de piedra de Montjuïc en el subsuelo de la calle Jaume I demuestra que el centro neurálgico de la Colònia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino no seguía la línea del cardo, sino la del decumanus.
Este descubrimiento confirma las teorías que historiadores como Jeroni Pujades en 1595 o Agustí Duran i Sanpere en 1954 ya habían sugerido. Los datos actuales invalidan los planos basados en los estudios de Antoni Celles de 1835, que fueron validados en su día por Josep Puig i Cadafalch.
“"No había una tesis oficial con cimientos inamovibles."
Además del pavimento, se han recuperado monedas de la época de Luis el Piadoso y piezas conmemorativas de la fundación de Constantinopla del año 330. El espacio ha sido musealizado con cristales protectores para que sea visitable.




