Instalada en Barcelona desde hace cuatro años, Alannah Donovan, de 27 anys, describe una realidad agridulce. Aunque valora positivamente la oferta cultural y el transporte de la ciudad, se enfrenta a un mercado laboral que ofrece salarios de 18.000 euros por puestos que en Dublín alcanzarían los 50.000 euros. Esta diferencia obliga a muchos extranjeros a trabajar en remoto para empresas de sus países de origen.
“"Vull treballar i cotitzar aquí, però paguen 18.000 euros anuals per feines que a Irlanda pots cobrar-ne 50.000."
La joven también señala el aumento de la hostilidad hacia quienes hablan inglés en la calle, fruto del movimiento contra el turismo masivo. Donovan lamenta que se la etiquete automáticamente como 'gentrificadora' a pesar de su voluntad de contribuir a la economía local y aprender las lenguas del territorio, mostrando un especial respeto por el catalán debido a las similitudes históricas con su lengua materna.




