El deportista ha preparado meticulosamente esta aventura, asegurando que 'todo lo que se puede controlar está controlado'. Ahora, su principal preocupación son las condiciones meteorológicas, esperando que la temperatura no se eleve excesivamente ni el viento sople con demasiada fuerza durante la carrera.
Este reto tiene un significado profundo para Moya, ya que hace diez años, debido a su adicción a las drogas, una carrera de este tipo habría sido impensable. A sus 41 años, un intento de suicidio lo llevó a tocar fondo y a buscar ayuda profesional para sobrevivir.
Tras una década de recuperación, Xavi celebra su transformación a través del deporte. Aunque ha financiado personalmente el viaje y la organización de la carrera, ha impulsado una campaña de micromecenazgo para Projecte Home Catalunya, con el objetivo de visibilizar el estigma de las adicciones y la falta de recursos para los pacientes.
“"Todo lo que se puede controlar está controlado."
La iniciativa ya ha recaudado alrededor de 1.200 euros, y la campaña continuará activa. Más allá de la cifra económica, Moya destaca la importancia de la visibilidad que está dando al problema de las adicciones, habiendo sido invitado a impartir conferencias en diversas entidades y centros educativos desde que comenzó a preparar el reto.
Su proceso de rehabilitación fue posible gracias al apoyo de su madre, médica, que costeó su tratamiento en un centro privado en Barcelona, con un coste de 70.000 euros. Durante este periodo, descubrió su pasión por el ejercicio al aire libre, culminando con su participación en una carrera de 7 kilómetros en 2017.
Desde entonces, correr se ha convertido en una parte fundamental de su vida, participando en competiciones por todo el mundo. Moya considera que el deporte le ha proporcionado libertad en su recuperación y subraya que las personas que superan una adicción adquieren un profundo conocimiento de sí mismas, enfrentando los orígenes de su problema, que en su caso comenzó con el alcohol a los 14 años y escaló con el éxtasis y la cocaína a los 20 y 25 años, respectivamente.




