La crisis ferroviaria afecta directamente al comercio local. Mayka, vendedora de cupones de la ONCE en el acceso a la alta velocidad, explicó que solo dos de sus clientes fijos matinales aparecieron, y que sus ventas cayeron 1.000 euros la semana anterior, desde el accidente mortal de la R4 en Gelida.
El ambiente en la estación de Sants, en pleno proceso de transformación, no ayuda a calmar los ánimos. Las obras en la Plaza de los Països Catalans están inundadas, la fachada tiene goteras y el interior muestra cables y vigas al descubierto, aumentando la sensación de precariedad.
“"Le he tenido que pedir el coche a mi cuñado, mira si estoy mal."
La situación fue especialmente delicada a primera hora del lunes, cuando la promesa de restablecimiento del servicio falló estrepitosamente por una avería en el centro de control de tráfico de Adif, dejando a los trenes “a ciegas”. Viajeros como José María, que vive en la Bordeta, se ven obligados a recurrir a familiares para ir a trabajar a Granollers, ya que tuvo que vender su coche por las restricciones de la zona de bajas emisiones.
Los usuarios muestran una gran resignación. Un viajero de Viladecans resumió el sentimiento general: “El problema es que no nos podemos fiar. Pero muchos tampoco tenemos más remedio”, destacando la corta validez de cualquier información proporcionada en los andenes.




